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Capítulo 2

Encendiendo la chispa del éxito

Fragmento · lectura gratuita

Poco a poco, le relató su historia: la búsqueda de un propósito, su anhelo por triunfar en la vida y las dificultades que lo habían llevado a sentir pesimismo y frustración.

Finalmente, le explicó cómo había llegado esa noche al lugar donde se encontraron y la gratitud que sentía por haber tenido la oportunidad de conocerlo y poder disfrutar de su conversación y compañía.

Aquella noche, en medio de la cena exquisita descubrió el poder de compartir sus preocupaciones y confiar en alguien dispuesto a escuchar sus vicisitudes y angustias.

Las palabras fluían sin reservas cuando comentaba de sus luchas internas, frustraciones y sueños; mientras tanto, el anciano lo escuchaba atentamente, instándole a continuar con cada palabra de aliento.

Cuando terminó de vaciar su angustia, sintió un alivio inmenso al sacar a la luz sus cargas emocionales; al mismo tiempo, percibía que con el paso de los minutos la conexión entre ellos se fortalecía.

Mientras se desahogaba al conversar sobre su vida, en su interior reflexionaba:

«Espero a través de esta conversación y los consejos de Plutarco, pueda encontrar algunas respuestas a los interrogantes sobre mi vida y mis preocupaciones y por supuesto, las instrucciones para volver a casa».

Mateo, en ese momento crucial de la conversación, compartió con sinceridad la frustración que le embargaba, se encontraba en la encrucijada de su vida, donde sus esfuerzos por avanzar parecían desvanecerse ante sus ojos, desesperado por encontrar respuestas; cada palabra que compartía con el anciano era un paso hacia la luz que tanto anhelaba

Mencionó el doloroso revés que experimentó al intentar lanzar un producto al mercado, solo para ver cómo el equipo de ventas no solo fallaba en generar ingresos; sino, que se llevaron consigo el producto destinado a la venta dejándolo sin capital para continuar.

Expresó su inquietud por los desafíos adicionales que tuvo que enfrentar, cuando quiso reiniciar en su otro emprendimiento; a pesar de su ferviente deseo de revitalizar su empresa, Mateo sentía, que se hallaba ante obstáculos significativos.

Los rápidos avances tecnológicos en el ámbito industrial y los constantes cambios en las leyes tributarias no solo afectaban directamente los procesos de fabricación de sus productos, sino que también lo excluían del mercado, forzándolo a aprender y adaptarse a nuevos sistemas de industrialización para mantenerse competitivo.

Esta necesidad de actualización constante ralentizaba su nuevo despegue empresarial, añadiendo una capa adicional de complejidad a sus esfuerzos por mantenerse relevante en su sector, lo que hacía aún más desafiante su meta de consolidar su negocio.

Con los ojos enrojecidos por las lágrimas, que no había podido contener, no pudo evitar confesar su más profundo anhelo: proporcionar a su familia, un hogar lleno de comodidades y felicidad, un sueño, que parecía desvanecerse ante sus ojos.

La confusión lo invadía, sintiéndose perdido en un mar tormentoso, donde las olas de sus malas decisiones habían arrastrado todo lo que amaba: su hogar, su sustento y hasta a sus seres más queridos, contra los acantilados de la vida.

Le confesó al anciano, que sentía que se hundía cada vez más en ese mar embravecido de frustraciones y desencantos.

La culpa lo atormentaba, mientras recordaba, que dos de sus cuatro hijos, forzados por las circunstancias habían partido en busca de un futuro más prometedor en tierras extranjeras, separándolos durante mucho tiempo del calor familiar.

Observando con empatía, la mezcla de emociones, en el rostro de su invitado, el anciano comprendió la lucha interna que enfrentaba.

Ese momento de vulnerabilidad, fue el que permitió se abra un espacio para la conexión y el entendimiento mutuo.

En la quietud de la noche, Mateo se enfrentaba a sus propios temores; cada suspiro era un eco de sus miedos y anhelos, como si el universo entero estuviera esperando su respuesta al enigma de su existencia.

En el reflejo de las estrellas en el agua de la pileta, que se observaba desde el comedor, la inesperada conversación con aquel enigmático y educado anciano encontró el coraje para confrontar su pasado y pensar en vislumbrar, poder abrazar un futuro con una nueva claridad, descubriendo que, el primer paso para afrontar los problemas, salir adelante y tener una verdadera redención yace en el perdón hacia uno mismo

Cada palabra del anciano, resonaba como un faro de esperanza en medio de sus tormentas internas

Lleno de emotividad, sinceridad y empatía, el anciano, decidió compartir con su invitado el compendio de conocimientos que había acumulado a lo largo de los años sobre crecimiento económico y desarrollo personal, con mucha generosidad.

Era un gesto de apoyo y deseo genuino de ayudar, una luz de esperanza que quiso conceder y brindarle en medio de la oscuridad que envolvía a su invitado.

Continuando la conversación, el anciano, al escuchar a su invitado, hablar sobre el fracaso y el éxito, comenzó a compartir algunos sabios consejos, que formaban parte de su vasta experiencia.

Le explicó que el éxito no es un destino fijo; sino más bien, el proceso de lograr metas, significativas y personales, en la vida.

Además, invito a su huésped a reflexionar sobre la importancia de esa idea en su vida.

Inclusive, le citó las palabras de Earl Nightingale:

“Éxito, Es la realización progresiva de un ideal digno”.

—¿Crees, que esta idea, es importante? — preguntó con interés, mientras, buscaba el contacto visual con su invitado.

La pregunta, al resonar en el aire, lo sacó de su mar de quejas y zozobras, tomó consciencia de la profundidad de las palabras del anciano y respondiendo con cautela, dijo:

—Según entiendo, significa que alcanzo el éxito cuando trabajo constantemente para cumplir mis propios ideales y metas. —

El anciano asintió con satisfacción, a la vez, reforzando la idea, de que, el éxito tiene diferentes significados para cada persona y que, si vivimos comparándonos con otros, ello solo nos conduce a lograr insatisfacción; luego expresó:

—No compares tu éxito con el de los demás; solo, concéntrate en tus propios objetivos y metas; en cambio, con lo único que debes comparar tus logros, es contra tus propios objetivos y ver si los resultados, van acorde con lo que inicialmente te habías planteado; ese es, el único termómetro válido. —

—Tampoco, consientas que nadie se enseñoree sobre ti, permitiendo que te juzguen o te hagan sentir mal, si por cualquier circunstancia no logras alcanzar tus metas o lo que los demás consideran debe ser tu éxito, en el tiempo y circunstancia que ellos piensan debieron ocurrir. — intervino el anciano con firmeza.

Luego, alentó a Mateo, a enfocarse en sus propios sueños y aspiraciones, recordándole, las sabias palabras, de George Eliot:

“Nunca, es demasiado tarde, para ser lo que podrías haber sido”.

Este mensaje fue como un bálsamo en los momentos que estaba viviendo, lo llenó de esperanza y despertó su fuerza interior; era una clara invitación a perseverar sin importar los desafíos que tuviere que enfrentar.

Con cada palabra de su anfitrión resonando en su corazón, se sentía revitalizado, listo para enfrentar cada desafío con renovada determinación… era como si un puente hacia el éxito se estuviera construyendo ante sus ojos.

Tras la deliciosa y reconfortante cena, se levantaron de la mesa y se dirigieron a la sala, donde amplios y confortables sillones los esperaban para brindarles un acogedor descanso. `

Sentados alrededor de la mesa de centro, donde reposaban dos tazas de café humeante y un plato de bocaditos exquisitos, continuaron compartiendo sus pensamientos y reflexiones, en un ambiente de confianza y camaradería.

Después de una larga tertulia, el anciano sugirió que era momento de retirarse y descansar; pero, no sin antes hacerle la promesa, de que, al día siguiente le revelaría una sorpresa que podría transformar positivamente y en gran manera su vida y de lo cual hablarían durante y después del desayuno del siguiente día.

Con estas palabras alentadoras, el dueño de la casa dejó a su invitado con la tarea de reflexionar sobre todo lo conversado; y la emoción anticipada por la expectativa de lo que el nuevo día le depararía.

Mateo, anhelaba con ansias que la noche pasara ligera y pudiera conocer el o los secretos que su anfitrión le iba a revelar.

A la mañana siguiente, se despertó con un entusiasmo inusual en los últimos meses y notó, al ponerse frente al espejo, un gran cambio en su semblante; no estaba seguro, si se debía, al buen descanso en la confortable cama o a las palabras reconfortantes de Plutarco, la noche anterior; pero, ahora podía observar reflejada en su mirada, una mezcla de expectativa y determinación; mientras, recordaba la prometida sorpresa.

Después de un desayuno copioso, repleto de frutas frescas y jugos naturales, regresaron a la acogedora sala para continuar su conversación.

No podía evitar sentirse ansioso, por descubrir, qué más tenía preparado su anfitrión y a medida que transcurría la mañana su ansiedad iba en aumento, minuto a minuto.

Luego de una charla amena, Plutarco, levantándose con determinación, se dirigió al elegante estudio de la casa; entretanto él, se quedaba aguardando en la sala con la curiosidad palpable en su mirada expectante, por descubrir qué secretos ocultaba su anfitrión.

El aroma exquisito del café, que Plutarco, le había ofrecido, llenaba la habitación; mientras, esperaba pacientemente; los minutos parecían eternos, hasta que finalmente Plutarco, volvió a la sala llevando un cofre en sus manos; este cofre parecía tener algo especial, algo misterioso y profundo.

Al ver el cofre, Mateo supuso que sería un gran tesoro, el que le quería obsequiar el anciano; pero nunca imaginó la magnitud de la riqueza, que iba a recibir, cuyo real valor, lo iba a poder aquilatar en su verdadera dimensión en el devenir de los siguientes meses, durante el proceso que tenía que pasar para obtenerla y poder disfrutarla junto a su familia.

Sus pensamientos se desvanecieron en cuanto el anciano, empezó a hablar:

—Sabes Mateo, ha llegado el momento, de revelarte el secreto que guardo con tanto celo. — anunció Plutarco solemnemente, depositando el cofre sobre la mesa con cuidado.

—Dentro de este cofre yace una fortuna invaluable; tesoros que cambiarán el rumbo de tu vida para siempre. —

—Te voy a entregar algo, que he guardado celosamente y que en su momento pensé compartir de manera reservada y exclusiva, con mis hijos. —

—Pero con cada uno de ellos, a lo largo de los años, Dios me permitió el privilegio. de no ser solo su padre; sino, de compartirles estas piedras de riqueza que son invaluables y disfrutar el privilegio de mentorizarlos; desde que eran pequeños, he tenido conversaciones y oportunidades en las que pude compartirles mis conocimientos. —

—Ahora, he decidido compartir contigo, cada joya que guardo con mucho celo en este cofre, mi mayor tesoro. —

—Estas gemas permiten que cualquiera que aprecie su verdadero valor y sepa aprovecharlas, pueda tener una existencia abundante y de bienestar en todas las áreas de su vida. — dijo Plutarco, con un brillo de orgullo en sus ojos.

Mateo, se encontraba completamente absorbido por las palabras de Plutarco, sus ojos brillaban con emoción, ante la real perspectiva de reconstruir su camino hacia el éxito; ansiaba con vehemencia ser poseedor de tales grandes riquezas, era lo que andaba buscando hace mucho tiempo, las respuestas a tantas interrogantes sobre su vida de equivocaciones y malos resultados.

La atmósfera, estaba cargada de expectativa; al mismo tiempo, aguardaba ansioso contando los segundos para el momento, en que se diera la revelación de los tesoros que su anfitrión guardaba en el cofre.

Entonces, el anciano, con solemnidad hizo una declaración, que resonó profundamente en el corazón de Mateo:

—Lo que guardo en este cofre no son piezas de oro o diamantes; espero no te decepciones; sin embargo, con lo que contiene, podrás adquirir los lingotes que anheles obtener y disfrutar de una vida llena de bendiciones.

—Además, quisiera convertirme en tu mentor, si tú aceptas y estás dispuesto a seguir mis consejos aplicando las lecciones que te impartiré, prometo guiarte a través de lo que llamo: la “Sabiduría Ginosko”, la cual, es una guía para cambiar tus errores en nuevas oportunidades. —

Continúa en el libro

¿Qué hay dentro del cofre de Plutarco? Descubre los doce manuscritos de la «Sabiduría Ginosko» y acompaña a Mateo hasta el final de su viaje.